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Compositores · Siglo XX

Dmitri
Shostakovich

1906 — 1975

"Arte bajo tiranía"

Escribió bajo un gobierno que podía — y casi lo hizo — haberlo matado por escribir la cosa equivocada. Cada nota de sus obras mayores fue escrita sabiendo que podría ser la última. Y sin embargo lo que emergió no fue música tímida sino alguna de la más devastadora, elocuente y moralmente compleja del siglo XX.

El artista que vivió
con la maleta lista

Dmitri Dmitrievich Shostakovich nació el 25 de septiembre de 1906 en San Petersburgo, hijo de un ingeniero y una pianista. Era un prodigio sin ambigüedades: entró al Conservatorio de Petrogrado a los trece años, compuso su Primera Sinfonía a los diecinueve, y tuvo un éxito inmediato e internacional cuando la obra fue interpretada por Bruno Walter y Leopold Stokowski en los años siguientes. El mundo lo recibió como la voz más prometedora de la joven Unión Soviética.

Durante la primera mitad de los años treinta, todo estuvo bien. Su ópera Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, estrenada en 1934, fue un éxito enorme: centenares de representaciones en dos años, aclamada en la URSS y en el exterior. Luego, en enero de 1936, Stalin asistió a una representación. Dos días después, Pravda publicó el editorial "Caos en lugar de música" — sin firma, lo que significaba que era la voz del Estado. La acusación: música formalista, burguesa, antisovietica. Eso era una sentencia que en aquellos años podía significar la muerte.

Shostakovich tenía preparada su Cuarta Sinfonía para estreno. La retiró. Durmió durante semanas con una maleta empacada junto a la puerta — la costumbre de los que esperaban que el ascensor se detuviera en su piso y los hombres de negro llamaran. El arresto nunca llegó — no esa vez. Su respuesta fue la Quinta Sinfonía (1937), presentada públicamente como "respuesta creativa a las justas críticas." El régimen la aceptó. El público, que escuchó el movimiento lento y lloró, y luego escuchó el finale y se preguntó si era triunfal o coercionado, nunca supo exactamente qué creer.

La Segunda Guerra Mundial lo salvó provisionalmente: la Séptima Sinfonía "Leningrado," compuesta durante el sitio, se convirtió en símbolo de la resistencia soviética y fue transmitida por radio a toda la Unión y hacia Alemania simultáneamente. El régimen necesitaba a Shostakovich vivo y productivo. Pero en 1948, en la purga cultural de Zhdánov, fue denunciado nuevamente junto a Prokofiev, Jataturián y otros. Perdió su puesto de profesor; sus obras fueron retiradas del repertorio.

En 1960, después de años de presión, se unió al Partido Comunista. Le dijo a su familia: "Tengo miedo. Tengo miedo." Era un gesto que le costó algo que solo él podía cuantificar. Murió el 9 de agosto de 1975 en Moscú, de un cáncer de pulmón que no fue diagnosticado hasta tarde y que avanzó rápidamente. Tenía 68 años.

Stalin, el Realismo Socialista
y la ambigüedad como supervivencia

La Unión Soviética bajo Stalin exigía de sus artistas una cosa precisa y casi imposible: optimismo. El arte debía ser accesible, patriótico, positivo. La doctrina del Realismo Socialista — que en música se traducía como melodía clara, formas reconocibles, heroísmo sin irónía — era la ley no escrita que podía, si se violaba, llevar a un compositor al campo de trabajo o al paredón. El amigo de Shostakovich, el mariscal Tukhachevski — uno de sus defensores más importantes — fue fusilado en 1937. Su cuñado fue arrestado. El miedo no era abstracto.

La pregunta que su música plantea — y que los musicólogos llevan setenta años debatiendo sin resolución — es si lo que Shostakovich expresó dentro de esas restricciones fue sincero, irónico, o ambas cosas al mismo tiempo. La Séptima Sinfonía "Leningrado": ¿es patriotismo genuino o parodia del heroísmo soviético? El finale de la Quinta: ¿es el triunfo que el régimen quería escuchar o una imposición mecánica de la alegría que el propio texto musical desmiente? El libro Testimonio de Solomon Volkov — supuestamente las memorias dictadas de Shostakovich, publicadas en Occidente en 1979 — reclama que todo era ironía, que la Séptima no era sobre los alemanes sino sobre Stalin. La autenticidad del libro es disputada. Pero la ambigüedad es real independientemente de Volkov.

Shostakovich no podía decir lo que pensaba con palabras. Pero la música tiene la ventaja de que puede significar varias cosas al mismo tiempo — puede sonar triunfal y sonar mecánico simultáneamente — y el oyente que sabe escuchar puede elegir qué escucha.

El motivo DSCH — Re, Mi bemol, Do, Si en notación alemana, que son las iniciales de su nombre D. Sch(ostakovich) — es su firma personal en decenas de obras, incluyendo el Octavo Cuarteto y la Décima Sinfonía. La convención de ocultar mensajes personales dentro de estructuras aparentemente públicas y oficiales es la definición de la escritura bajo censura. Que lo hiciera tan visiblemente — que el motivo fuera identificable para quien lo buscara — es una de las formas de resistencia que podía permitirse.

Su influencia en los compositores posteriores del bloque soviético — Alfred Schnittke, Arvo Pärt, Giya Kancheli — fue enorme. Todos aprendieron de él que era posible hacer arte verdadero dentro de restricciones aparentemente totales, que la irónía y la ambigüedad podían funcionar como formas de libertad donde las formas convencionales de libertad no existían.

El archivo
de una vida doble

Sinfonías
15 Sinfonías (1925–1971)
El ciclo sinfónico más importante del siglo XX después del de Sibelius. La Primera es el Shostakovich juvenil y brillante; la Quinta es el Shostakovich bajo presión; la Séptima es el Shostakovich símbolo de guerra; la Décima es el Shostakovich que respira después de la muerte de Stalin; la Decimoquinta — su última — cita a Rossini y a Wagner con una ironía que nadie ha podido descifrar completamente.
Sinfonía No. 5 en re menor Op. 47 (1937)
La obra central de su vida pública. Presentada como "respuesta creativa a las justas críticas." El Largo es el movimiento más honesto que escribió con la orquesta completa. El finale tiene un tempo marcado "Allegro non troppo" que los directores aceleran hasta hacerlo triunfal o mantienen lento hasta hacerlo mecánico — y ambas interpretaciones dicen algo verdadero.
Sinfonía No. 7 "Leningrado" Op. 60 (1941)
Cuatro movimientos, el primero con el célebre episodio de "invasión": el mismo tema repetido doce veces, creciendo desde el pianissimo del tambor hasta la saturación orquestal. Lo compuso durante el sitio de Leningrado. Fue transmitida por radio desde la ciudad sitiada. Los músicos de la orquesta local estaban tan debilitados por el hambre que algunos se desmayaron en los ensayos.
Sinfonía No. 10 en mi menor Op. 93 (1953)
Compuesta después de la muerte de Stalin. El segundo movimiento — dos minutos de furia que muchos intérpretes consideran el retrato musical de Stalin — es el más breve y el más violento de toda la sinfonía. El motivo DSCH aparece en los dos últimos movimientos como una firma personal sobre el documento de la liberación.
Cuartetos de cuerda
15 Cuartetos de cuerda (1938–1974)
Si las sinfonías son su vida pública — lo que tenía que decir con el volumen alto — los cuartetos son su vida privada. En ellos es más honesto, más oscuro, más libre de ironía protectora. El ciclo completo es, junto a los de Bartók y los últimos de Beethoven, el mayor de la historia del género.
Cuarteto No. 8 en do menor Op. 110 (1960)
Escrito en tres días en Dresden, después de ver la ciudad bombardeada. Dedicado "a las víctimas del fascismo y la guerra." Cita su propia música, el tema del Destino de la Quinta, una canción folk asociada a la izquierda juvenil. Es casi con certeza también un autorretrato — un adiós silencioso escrito por un hombre que consideró seriamente el suicidio.
Cuarteto No. 15 en mi bemol menor Op. 144 (1974)
Su último cuarteto. Seis movimientos lentos, todos marcados "Adagio." No hay relajación, no hay contraste rítmico. Es música de quien sabe que se está yendo y ya no tiene prisa por nada. El compositor del ritmo más implacable de toda la música soviética llegó al final en silencio casi completo.
Conciertos y Obras de Cámara
Concierto para violonchelo No. 1 Op. 107 (1959) · Concierto para violín No. 1 Op. 77 (1948)
El Concierto para violonchelo — escrito para Mstislav Rostropóvich — tiene una cadencia del tercer movimiento de una ferocidad expresiva sin precedente en el género. El Concierto para violín fue guardado en un cajón doce años por ser demasiado atrevido para ser estrenado; fue finalmente interpretado en 1956.
Trío para piano No. 2 en mi menor Op. 67 (1944)
Escrito a la memoria de su amigo Ivan Sollertinski, muerto en 1944. El finale usa una melodía judaica sobre un bajo ostinato que progresa inexorable — una danza judía sobre el horror — que Shostakovich describió como inspirada en los relatos de los campos donde los alemanes obligaban a los prisioneros a bailar sobre las tumbas que acababan de cavar.
24 Preludios y Fugas Op. 87 (1950–51)
Después de escuchar las obras de Bach en el Festival Bach de Leipzig de 1950, compuso en cuatro meses veinticuatro preludios y fugas — uno en cada tonalidad mayor y menor — como respuesta al Clave Bien Temperado. Son el equivalente bachiano del siglo XX: contrapunto riguroso dentro de un lenguaje completamente propio.
Óperas y Música Escénica
Lady Macbeth del distrito de Mtsensk Op. 29 (1934)
Su ópera más importante, sobre el relato de Nikolái Leskov. Una mujer que mata a su suegro, a su marido y a su amante. La orquesta bajo la cama de los amantes durante la escena de sexo fue lo que le dio a Stalin el pretexto de la denuncia. Hoy es considerada la ópera más importante del siglo XX después de Wozzeck de Berg.

La maleta empacada
junto a la puerta

La noche que esperó el arresto

Después de la denuncia del Pravda en 1936, Shostakovich esperó el arresto con la certeza de quien ha visto lo que le pasó a sus amigos. Dormía — si dormía — con una maleta lista junto a la puerta. Según algunos testimonios, dormía en el rellano de la escalera de su edificio, de manera que cuando el ascensor se detuviera en su piso con los hombres de la NKVD, los sonidos le dieran tiempo de despertar antes de que llamaran. En ese estado de terror sostenido compuso algunas de las obras más complejas y ambiciosas de su vida. El miedo, en Shostakovich, no produjo silencio sino densidad. Lo que tiene que decir cuando podría ser la última vez es más urgente, no menos.

El finale de la Quinta Sinfonía

En el estreno de noviembre de 1937, el público permaneció de pie y aplaudió cuarenta minutos el movimiento lento — el Largo — y luego el finale triunfal. Muchos lloraban. El régimen lo interpretó como confirmación de que Shostakovich había aprendido la lección. Pero hay testimonios de que el propio Shostakovich dijo a un amigo, mucho después, algo que Volkov cita así en el Testimonio: "Es como si alguien te golpeara con un palo y te dijera 'tu obligación es alegrarte, tu obligación es alegrarte,' y tú te levantaras, temblando. No es 'respuesta creativa' — es forzado." La autenticidad de la cita es disputada. Pero la ambigüedad del finale es real y audible para quien escucha con atención: la velocidad mecánica, la repetición de la célula rítmica como mandato, el carácter de marcha que tiene algo de parodia.

La transmisión de la Séptima desde Leningrado sitiada

En agosto de 1942, la ciudad de Leningrado llevaba once meses bajo el asedio alemán. La población moría de hambre — más de medio millón de personas murieron en el sitio. La Orquesta Filarmónica de Radio de Leningrado había quedado reducida a un núcleo mínimo de músicos: los demás habían muerto, estaban en el frente, o eran demasiado débiles para tocar. Se reclutaron músicos adicionales de las unidades del Ejército Rojo estacionadas en la ciudad. Karl Eliasberg dirigió los ensayos: algunos músicos se desmayaron de agotamiento. La transmisión fue retransmitida a través de altavoces en toda la ciudad y simultáneamente hacia las posiciones alemanas. Las memorias de los soldados alemanes mencionan que escuchar esa música desde el otro lado del frente los perturbó de maneras que no supieron articular.

El Octavo Cuarteto — escrito en tres días

En el verano de 1960, durante un viaje a Dresden para trabajar en una música de película, Shostakovich vio la ciudad todavía en reconstrucción después de los bombardeos de 1945. En tres días escribió el Cuarteto No. 8. La dedicatoria oficial es "a las víctimas del fascismo y la guerra." Pero las citas internas — el motivo DSCH que abre y cierra la obra, el tema de la Quinta Sinfonía, el aria de Lady Macbeth, la canción revolucionaria de su juventud — apuntan a algo más personal. Sus amigos cercanos no dudaron: era un autorretrato, quizás un testamento, quizás un adiós. Había considerado el suicidio con seriedad en esa época. El cuarteto fue lo que escribió en lugar de hacerlo.

La afiliación al Partido Comunista (1960)

Durante años la presión fue constante: únete al Partido. Para 1960, cuando finalmente cedió, ya era una figura demasiado conocida internacionalmente para ser suprimida, pero la presión interna seguía siendo real. La noche antes de la ceremonia de afiliación, llamó a varios amigos desde distintos teléfonos, llorando. Les dijo: "Tengo miedo. Tengo miedo." Lo que firmó al día siguiente fue un formulario. Lo que perdió es más difícil de definir. En la música posterior al 1960 — los últimos cuartetos, la Decimocuarta Sinfonía sobre poemas de la muerte — el heroísmo ha desaparecido completamente. Solo queda la honestidad en voz baja.

Lo que Shostakovich
le dio a todos

01
La sinfonía como testimonio moral. Sus quince sinfonías no son solo obras musicales: son documentos de una conciencia atrapada en la historia. Después de Shostakovich, la sinfonía puede hablar de lo que no puede decirse de otra manera — y ese poder es su legado más vasto.
02
El cuarteto de cuerda como espacio de honestidad privada. En las sinfonías debía negociar con el Estado; en los cuartetos podía ser él mismo. El ciclo de quince cuartetos es el diario íntimo del compositor público más vigilado del siglo XX — y es uno de los grandes ciclos de la historia del género.
03
El motivo DSCH como firma y como recurso formal. La célula D-Es-C-H — cuatro notas, su nombre en notación alemana — es el dispositivo más explícito de auto-referencia en la historia de la música después de B-A-C-H de Bach. Aparece en el Octavo Cuarteto, en la Décima Sinfonía, en docenas de obras. Es la forma de presencia personal dentro de una obra que tenía que ser impersonal.
04
Los 24 Preludios y Fugas Op. 87 como respuesta al siglo XX a Bach. Son el equivalente moderno del Clave Bien Temperado: contrapunto riguroso en las 24 tonalidades, pero en un lenguaje armónico completamente diferente. Son la demostración de que las formas barrocas podían contener el lenguaje del siglo XX sin contradicción.
05
Su influencia en Schnittke, Pärt y los compositores del bloque soviético. Todos aprendieron de él que era posible hacer arte verdadero dentro de restricciones aparentemente totales. El poliestilismo de Schnittke — la coexistencia de estilos contradictorios como ironía — viene directamente de la doble escritura de Shostakovich.
06
Las bandas sonoras que moldearon la cultura soviética. Escribió más de treinta partituras de cine, incluyendo algunas de las películas más vistas de la historia soviética. Son música de una calidad que ningún compositor de cine occidental de su época igualó — la misma inteligencia, la misma precisión dramática, con medios económicos radicalmente menores.
En síntesis: Shostakovich es el compositor que demuestra que el arte verdadero puede sobrevivir — y a veces florecer — en las condiciones más hostiles. Su obra no es grande a pesar de su contexto histórico: es grande en parte porque de ese contexto hizo su material. El terror, la ironía forzada, el miedo y la resistencia silenciosa son los ingredientes de una música que no podría haber existido en libertad.

Por dónde
empezar

Shostakovich es uno de los compositores más directamente accesibles del siglo XX — sus melodías son reconocibles, sus emociones son inmediatas — y al mismo tiempo uno de los más complejos en lo que quiere decir exactamente. Esta lista va de lo más accesible a lo más oscuro.

01
Sinfonía No. 5 en re menor — el Largo y el finale
El tercer movimiento, Largo — sin metales, solo cuerdas, maderas y arpas — es el Shostakovich más honesto que llegó a la sala de conciertos en vida: una elegía de una soledad que no necesita explicación. Escucha el finale después y decide por ti mismo si es triunfal o coercionado. No hay respuesta definitiva, y esa ambigüedad es precisamente el contenido de la obra.
Op. 47 · 1937 · aprox. 50 min
02
Cuarteto de cuerda No. 8 en do menor
Veinticinco minutos. El motivo DSCH abre y cierra la obra como una firma. En el centro, citas de sus propias obras, de una canción revolucionaria, del tema del Destino de la Quinta. Cinco movimientos que son un diario comprimido de cuarenta años de miedo, ironía y resistencia. Es la obra más personal que escribió y posiblemente la obra de cámara más importante del siglo XX después de los cuartetos de Bartók.
Op. 110 · 1960 · aprox. 25 min
03
Sinfonía No. 7 "Leningrado" — el episodio de invasión del primer movimiento
El famoso pasaje: un tema de vals trivial que suena primero en el tambor pequeño, pianissimo, y se repite doce veces mientras la orquesta va sumando instrumentos hasta la saturación total. Es mecánico por diseño — la trivialidad del mal repetida hasta el horror — o es el patriotismo más eficaz de la historia orquestal. Probablemente ambos. La sinfonía completa dura setenta y cinco minutos; el episodio de invasión, unos doce. No hace falta escuchar el resto para entender por qué perturbó a quienes lo escucharon desde el otro lado del frente.
Op. 60 · 1941 · aprox. 75 min
04
Concierto para violonchelo No. 1 — la cadencia del tercer movimiento
El tercer movimiento del concierto es una cadencia para violonchelo solo — ocho minutos sin acompañamiento — de una ferocidad expresiva y una dificultad técnica que pusieron a prueba a Rostropóvich, para quien fue escrita, y a todos los intérpretes desde entonces. Es el punto de mayor intensidad dramática de todo el concierto y uno de los pasajes más dramáticos de la literatura concertante del siglo XX.
Op. 107 · 1959 · aprox. 35 min
05
Sinfonía No. 10 en mi menor — el segundo movimiento
Dos minutos y cuarenta segundos de furia. El tempo es Allegro y el movimiento es el más breve de los cuatro — una sola idea llevada al límite de la velocidad y la intensidad. Fue compuesto en 1953, el año de la muerte de Stalin. Muchos intérpretes y analistas lo consideran el retrato musical de Stalin: rápido, violento, sin redención ni complejidad. Escúchalo después del Largo de la Quinta para entender la distancia que Shostakovich recorrió en dieciséis años.
Op. 93 · 1953 · aprox. 55 min
06
Trío para piano No. 2 en mi menor — el finale
El finale del Segundo Trío usa una melodía judaica sobre un bajo de cuatro notas que se repite implacablemente — un passacaglia — mientras el ritmo de danza es cada vez más distorsionado y siniestro. Es una danza de la muerte literal: inspirada en los relatos de campos donde los prisioneros eran obligados a bailar. La trivialidad del ritmo de danza y el horror del contexto producen una de las disonancias emocionales más insoportables de toda la música de cámara del siglo XX.
Op. 67 · 1944 · aprox. 27 min
07
24 Preludios y Fugas Op. 87 — No. 1 en do mayor y No. 24 en re menor
El No. 1 en do mayor es el inicio más simple y bachiano del ciclo: un preludio de una claridad casi didáctica y una fuga a tres voces de una transparencia que el oyente puede seguir completamente. El No. 24 en re menor es el más complejo y el más oscuro: la fuga final tiene cuatro voces y una densidad que requiere varias escuchas. Entre los dos está todo el vocabulario armónico de Shostakovich, encuadrado en las formas que Bach inventó.
Op. 87 · 1950–51 · ciclo completo: aprox. 165 min
08
Cuarteto de cuerda No. 15 en mi bemol menor
Su último cuarteto. Seis movimientos lentos, todos Adagio. No hay contraste de tempo, no hay alivio rítmico, no hay humor ni ironía. Es la música de quien ha llegado al final y ya no tiene necesidad de disfrazar nada. El cuarteto que más veces los cuatro intérpretes se preguntan si siguen tocando o ya terminaron. Es casi completamente estático, casi completamente oscuro, y completamente extraordinario.
Op. 144 · 1974 · aprox. 40 min
09
Lady Macbeth del distrito de Mtsensk — el interludio "Passacaglia"
Entre el tercer y el cuarto acto de la ópera hay una "Passacaglia" orquestal — ocho minutos de música sin voces — que es quizás la cosa más bella que Shostakovich escribió en su vida operática. La ópera completa dura unas tres horas y es la experiencia teatral más poderosa de toda la música soviética. Si solo puedes escuchar un fragmento, escucha la Passacaglia y el finale del cuarto acto, donde Katerina Ismailova se arroja con su rival al lago mientras los guardias la rodean.
Op. 29 · 1934 · ópera completa: aprox. 170 min