Granados, Albéniz y De Falla
La música clásica española de finales del siglo XIX y principios del XX creó una síntesis entre la tradición del piano romántico europeo y la música folk, flamenca y morisca de España. Isaac Albéniz, Enrique Granados y Manuel de Falla escribieron música formalmente sofisticada, en la tradición de Liszt y Chopin, con un lenguaje armónico y melódico enraizado en el folclore español y el flamenco. El resultado fue un corpus que sonaba completamente original dentro de la música de concierto europea.
La paradoja central de esta tradición: la guitarra casi nunca se escucha, pero siempre está presente. Albéniz escribió para piano piezas cuya escritura imita tan de cerca la técnica guitarrística (arpegios que simulan el rasgueado, melodías con pedales de bajo que recuerdan las cuerdas al aire de la guitarra, texturas de voces independientes que recuerdan el contrapunto guitarrístico) que las transcripciones para guitarra de clásica de estas obras no son adaptaciones forzadas: son el instrumento encontrando su forma natural.
El contexto cultural fue el nacionalismo musical del fin de siglo, un movimiento europeo donde compositores de distintos países buscaron un lenguaje propio fuera del mainstream germánico. En España, ese lenguaje propio ya existía en la música popular y folclórica, y Albéniz, Granados y De Falla lo reconocieron como materia prima de primer orden, no como curiosidad etnográfica.
El lenguaje armónico de la música clásica española bebe profundamente del modo frigio (con su característica segunda bemol que crea el "sonido español"), de la escala flamenca (frigio dominante, con la tercera mayor) y de armonías modales tomadas de tradiciones folclóricas. Esta mezcla de modal y tonal, de antiguo y romántico, es lo que hace que la música de Albéniz suene como no suena ningún otro compositor de su época.
"Asturias" de Albéniz, originalmente escrita para piano, se interpreta hoy casi exclusivamente en guitarra clásica porque la escritura pianística imita tan de cerca la técnica guitarrística. La melodía de apertura es puro frigio, con las notas de aproximación de segunda menor características. Cuando Julian Bream o John Williams la tocan, no parece una transcripción: parece que siempre fue para guitarra.
Granados exploró un territorio diferente: su "Goyescas" evoca la España del siglo XVIII a través de Goya, con un lenguaje armónico más cromático y romántico que el de Albéniz. De Falla fue el más riguroso en su uso del folclore: sus obras de madurez citan o simulan materiales específicos de la música andaluza, con una precisión casi etnomusicológica que no excluye la invención.
Albéniz pensó para piano y sonó a guitarra. Cuando la guitarra toca su música, no interpreta una transcripción: recupera el instrumento que el compositor tenía en la cabeza.
La influencia corrió en ambas direcciones: los compositores españoles tomaron prestada la técnica del piano romántico de las escuelas francesa y alemana, pero las innovaciones armónicas de la música española (mezcla modal, notas pedales sostenidas del flamenco, armonías cromáticas inesperadas) influyeron en Debussy y Ravel. El concepto de "armonía de color", usar progresiones de acordes no para la resolución funcional sino para el color tonal y la atmósfera, se desarrolló en parte en este intercambio español-francés.
Debussy reconoció explícitamente su deuda con Albéniz. Sus propias piezas ibéricas ("Ibéria" de los Images orquestales, los preludios "La Puerta del Vino" y "La Sérénade interrompue") son respuestas directas a lo que escuchó en la música española: la pedal de bajo sostenida mientras la armonía se mueve encima, las yuxtaposiciones de acordes sin resolución funcional entre ellos, el uso del silencio como elemento estructural.
Para un guitarrista contemporáneo, esta historia tiene una implicación práctica: el vocabulario armónico de Albéniz, Granados y De Falla es una fuente directa de los colores que aparecen en el jazz modal, en el ambient, en el post-rock. El frigio dominante que usa Albéniz en "Asturias" es el mismo que usa Carlos Santana en "Oye Como Va". Las fuentes se conectan de maneras inesperadas.
Francisco Tárrega (1852-1909) y Andrés Segovia (1893-1987) establecieron la guitarra clásica como instrumento de concierto serio. Tárrega desarrolló gran parte de la técnica moderna de la mano derecha (la posición de la muñeca, el ángulo de ataque de los dedos, la articulación de los dedos en la producción del sonido) y arregló para guitarra música de piano y de orquesta que expandió el repertorio disponible. Sin Tárrega, la guitarra clásica del siglo XX no tendría su vocabulario técnico.
Segovia hizo lo que Tárrega no pudo: llevar la guitarra a las salas de concierto más importantes del mundo y convencer a compositores de que el instrumento merecía obras nuevas escritas directamente para él. Encargó y estrenó obras que definieron el repertorio: el Concierto de Aranjuez de Rodrigo, las obras de Castelnuovo-Tedesco y Villa-Lobos, las Cinco Piezas del Sur de Federico Moreno Torroba. Sin estos encargos, el instrumento no habría tenido literatura propia de primer nivel en el siglo XX.
La técnica de uña de la mano derecha, la posición clásica del instrumento (guitarra apoyada en la pierna izquierda, ligeramente inclinada), y el repertorio del siglo XX son en gran medida el legado de esta tradición española. Cuando un guitarrista clásico contemporáneo en cualquier parte del mundo se sienta a tocar, está usando un sistema desarrollado en España entre 1870 y 1950.
Segovia no tocó la música que existía: encargó la música que quería que existiera. Así construyó un instrumento nuevo a partir de uno viejo.
El modo frigio y sus variantes: aprender a improvisar en frigio y frigio dominante añade un color sonoro específico a cualquier estilo, del metal al jazz al folk. La segunda menor (b2) es el intervalo que define el carácter; la tercera mayor añade el color flamenco. Practicar las frases melódicas naturales de cada uno de estos modos en el mástil desarrolla un vocabulario que la pentatónica y la escala mayor no cubren.
La técnica de fingerstyle clásico: el enfoque de la guitarra clásica al fingerpicking (alternancia im, golpe de apoyo para la melodía, golpe libre para los arpegios) es técnicamente exigente pero produce una claridad de timbre no disponible con plectro. Los principios básicos de la técnica de mano derecha de Tárrega son transferibles a cualquier estilo de guitarra acústica: posición, ángulo de ataque, producción del sonido.
La transcripción como estudio: las piezas de piano de Albéniz en guitarra revelan cómo los dos instrumentos comparten una lógica armónica común. "Asturias", "Granada", "Sevilla": transcribir estas piezas o simplemente analizar cómo el guitarrista adapta la escritura pianística abre un ángulo de comprensión del instrumento que el repertorio guitarrístico original no provee.
El modo frigio y la escala flamenca (frigio dominante) son el vocabulario modal de la música española clásica y del flamenco. La sección de Escalas los explica en contexto.
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