Los tonos entre los tonos
El sistema de maqam es el marco melódico y modal de la música clásica árabe, turca y persa, con raíces documentadas en textos teóricos del mundo islámico medieval de los siglos IX al XIII. A diferencia de la música occidental, que divide la octava en 12 semitonos iguales, la tradición del maqam usa cuartos de tono y otros intervalos microtonales, resultando en 24 o más divisiones por octava. Este no es un accidente histórico ni una limitación técnica: es una elección estética deliberada que produce una riqueza armónica cualitativamente diferente.
Los tratados teóricos de Al-Farabi (siglo X) y Ibn Sina (siglo XI) documentan el sistema con una sofisticación matemática comparable a los textos europeos de la misma época. La teoría musical árabe medieval influyó directamente en la musicología europea a través de traducciones y contactos en la península ibérica. En otras palabras, el sistema que parece "exótico" desde una perspectiva occidental tiene una historia intelectual que precede y en parte nutrió a la propia teoría musical europea.
Para un guitarrista occidental, entrar al mundo del maqam requiere desactivar temporalmente la expectativa de que las notas tienen posiciones fijas y precisas. En el maqam, la misma nota puede tener una altura ligeramente diferente dependiendo de si se asciende o se desciende en la escala, del contexto melódico, y del maqam específico que se esté tocando. Esa variabilidad no es incertidumbre: es sintaxis.
Existen más de 100 maqamat documentados, cada uno con patrones de notas específicos en el ascenso y el descenso, frases melódicas características (llamadas jins, células de tres o cuatro notas), una nota de mayor importancia (el qarar, centro tonal), y un carácter emocional definido. El Maqam Rast se considera el más fundamental: sus intervalos se parecen a una escala mayor pero con la tercera y la séptima ligeramente bajas, a cuarto de tono. Esa diferencia de un cuarto de tono crea un color que no tiene equivalente en la escala mayor occidental.
El Maqam Hijaz tiene la segunda aumentada característica entre el segundo y tercer grado, similar al modo frigio dominante del flamenco, que da ese sonido que el oído occidental asocia con "lo oriental". Pero reducirlo a ese intervalo sería como describir el flamenco como "música con una segunda aumentada". Cada maqam tiene un repertorio de frases melódicas que le son propias, una forma particular de iniciar, de llegar a las notas importantes, de cadenciar. La escala es el esqueleto; las frases características son el cuerpo.
El taqsim es la forma musical con la que se presenta un maqam: una improvisación libre, sin acompañamiento rítmico, que explora el maqam antes de que empiece la música de ensemble. El taqsimgi (quien ejecuta el taqsim) introduce las notas características del maqam, establece el qarar, muestra los jins, y prepara el oído del oyente para recibir el maqam antes de que llegue el ritmo. Es una forma de sintonización colectiva del espacio sonoro.
En el taqsim no hay compás ni tempo. El músico construye el maqam nota a nota, como si lo estuviera descubriendo, aunque lo haya tocado mil veces.
Los cuartos de tono son intervalos de la mitad del tamaño de un semitono. En un oud sin trastes o en un violín son completamente naturales: el dedo cae donde el músico quiere, sin posiciones fijas. En una guitarra occidental, requieren bends parciales de menos de un semitono. En un piano son directamente inaccesibles, lo que hace al piano un instrumento inadecuado para la música maqam, una limitación que los músicos árabes señalan con frecuencia.
La notación persa y turca ha desarrollado símbolos específicos para estos intervalos: el koron (cuarto de tono bajo) y el sori (cuarto de tono alto) en la notación persa. Para el oído entrenado en música occidental, las notas a cuarto de tono inicialmente suenan "desafinadas". El oído se calibra con la exposición. Después de escuchar suficiente música maqam, esas posiciones intermedias empiezan a sonar con su propio color definitivo, tan reconocible como el Si bemol o el Fa sostenido.
La diferencia entre las tradiciones árabe, turca y persa en su uso de los cuartos de tono es significativa, y existe debate entre teóricos sobre la codificación exacta. La tradición árabe tiende hacia la sistematización de 24 cuartos de tono iguales; la práctica turca y persa usa intervalos que no son exactamente cuartos de tono iguales sino posiciones derivadas de sus propias tradiciones teóricas. La microtonalidad no es uniforme entre tradiciones que comparten el marco general del maqam.
El oud es un laúd en forma de pera, sin trastes, con 11 o 13 cuerdas agrupadas en cursos dobles y un cuerpo redondeado en la parte trasera que diferencia su resonancia de la de la guitarra. La ausencia de trastes es estructuralmente fundamental: permite producir cualquier afinación microtonal, deslizarse continuamente entre notas (como un bajo sin trastes, pero con más rango expresivo), y ejecutar los ornamentos específicos de la tradición, incluidos los pequeños vibrados y los glissandi de un cuarto de tono que dan vida a las frases del maqam.
El oud es considerado el "rey de los instrumentos" en la cultura árabe, una posición que viene tanto de su antigüedad como de su versatilidad. Su historia documental se remonta a la Mesopotamia del siglo III, y su nombre en árabe, al-'ud, significa literalmente "el palo" o "la madera". La palabra europea "laúd" es una transcripción de "al-'ud", lo que documenta la ruta de transmisión directa del instrumento desde el mundo árabe a la Europa medieval.
La técnica del oud difiere de la de la guitarra en aspectos que van más allá de los trastes. El plectro es una pluma de águila o un fragmento de plástico fino y flexible que permite un ataque percusivo muy específico. La mano izquierda, sin la guía de los trastes, desarrolla una sensibilidad posicional muy precisa. Los músicos que aprenden oud después de guitarra reportan que la ausencia de trastes fuerza una conciencia del sonido y de la afinación que el instrumento con trastes permite evitar.
El oud no tiene trastes porque no necesita que el instrumento le diga al músico dónde están las notas. El músico ya sabe, o aprende a saber. Los trastes son una muleta cómoda.
Los bends de cuarto de tono: añadir inflexiones de afinación muy pequeñas (menos de un semitono) a notas melódicas crea expresividad que la técnica estándar occidental no ofrece. Incluso sin tocar nunca música maqam, esta microtonalidad enriquece el fraseo del blues, el rock y el jazz. Un bend que se detiene a la mitad, una nota que "flota" entre dos posiciones, produce una tensión que la nota fija no puede generar.
La improvisación como introducción: la estructura del taqsim (explorar el modo libremente antes de presentarlo en ritmo) puede adaptarse a cualquier contexto de solo. Antes de tocar sobre una progresión de acordes, explorar las notas del modo que se va a usar, sin presión rítmica, con libertad de movimiento, construye una familiaridad con el material que cambia cómo se improvisa después. Es una práctica, no solo una forma musical.
El color modal: los intervalos específicos de maqamat como el Hijaz (con su segunda aumentada) o el Nahawand (menor con sexta mayor, parecido al modo dórico) están directamente disponibles como escalas de guitarra. El Nahawand es prácticamente idéntico al modo dórico europeo. El Hijaz coincide con el modo frigio dominante del flamenco. No son sistemas separados: son descripciones diferentes de materiales que se superponen.
Los modos con segundas aumentadas, como el frigio dominante y el dórico con ♯4, son las aproximaciones más cercanas del sistema occidental a los maqamat árabes. La sección de Escalas los cubre.
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