Recursos · Historia de la Música · Capítulo 04
Cap. 04 Blues · Jazz · 1860 – 1960

Blues
y Jazz

El acorde que cambió la música popular

Pentatónica Nota azul 12 compases Séptima dominante ii–V–I Jazz modal

Dos tradiciones,
una colisión en Nueva Orleans

A finales del siglo XIX, en el delta del Misisipi y en los barrios de Nueva Orleans, ocurrió algo que cambiaría toda la música que vendría después. No fue el resultado de ningún plan teórico ni de ninguna institución académica. Fue la consecuencia de que dos tradiciones musicales completamente distintas tuvieran que coexistir en el mismo espacio.

La música africana que los esclavizados trajeron al continente americano era rítmicamente compleja — polirítmia, síncopa, patrones que se superponen — y melódicamente diferente de la escala europea. Sus escalas, sus microtonos, su relación con la voz y el cuerpo no tenían equivalente directo en el sistema occidental. La música europea que rodeaba a estas comunidades tenía armonía funcional, instrumentos de cuerdas y viento, y las progresiones que Bach y Haydn habían sistematizado.

Del encuentro entre ambas nació algo que ninguna de las dos podría haber producido sola.

Entre los trastes:
lo que el piano no puede tocar

La pentatónica menor — cinco notas, sin los semitonos sensibles de la escala mayor — era el núcleo melódico del blues primitivo. Pero los cantantes y guitarristas de blues hacían algo más: tocaban notas que caían entre los intervalos de esa escala, especialmente alrededor del tercer y séptimo grado. Notas intermedias, levemente por debajo del Mi o del Si de la escala mayor, que daban un sabor indefinible: tristeza, ironía, ambigüedad emocional.

Esas notas se llaman blue notes. En el piano — instrumento de temperamento igual fijo — hay que elegir entre la nota mayor y la menor, entre el Mi y el Mi bemol. En la guitarra, en la voz, en el trombón o en la armónica, puedes vivir entre las dos. El bend que llevas a medio camino, la nota que presionas sin llegar del todo al traste — eso es la blue note. El blues encontró el espacio entre los semitonos del temperamento igual y lo habitó.

La "nota equivocada" que suena exactamente como debe sonar: ese fue el regalo del blues a toda la música que vino después.

Pentatónica menor de La — y las blue notes ♪ toca cada nota
BLUE NOTE A Bb B C C# D Eb E F F# G G# pentatónica menor blue note (Eb — entre D y E) fuera de la escala
La pentatónica menor de La (A–C–D–E–G) es la escala central del blues. El Eb — la "blue note" — cae entre el D y el E natural, en un espacio que el temperamento igual no reconoce oficialmente. En la guitarra se alcanza con un bend a medio camino. Es la nota que le da al blues su ambigüedad emocional característica.

12 compases:
la cuadrícula que libera

El blues estándar de 12 compases es una de las estructuras más sencillas de la música popular y también una de las más durables. Cuatro compases en el acorde I, dos en el IV, dos más en el I, uno en el V, uno en el IV, dos finales en el I con una vuelta al comienzo. Doce compases que se repiten.

La paradoja del blues es que esa sencillez es exactamente lo que permite la libertad. Cuando todos en la banda saben cuándo viene el IV y cuándo viene el V, el solista puede ir a donde quiera dentro de esa estructura. La cuadrícula de los 12 compases es un mapa que cualquier músico puede leer sin partitura, lo que hace posible la improvisación colectiva.

Otro elemento central: en el blues, el acorde I también lleva séptima dominante. En la armonía clásica, la séptima dominante es una tensión que debe resolver. En el blues, es un color permanente — el Do7 es el acorde de tónica, no la señal de que se acerca el Sol. Esta liberación de la séptima dominante de su función de tensión fue la otra gran contribución del blues a la armonía popular.

Blues de 12 compases en La — toca cada acorde ♪ toca cada acorde
01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 A7 A7 A7 A7 D7 D7 A7 A7 E7 D7 A7 A7/E7 I · I · I · I IV · IV · I · I
El blues de 12 compases en La: cuatro compases de A7 (I), dos de D7 (IV), dos de A7, uno de E7 (V), uno de D7, dos de regreso al A7. Lo notable: el I mismo lleva séptima dominante — la tensión es el color permanente del blues, no una señal de que algo está a punto de resolver.

La armonía que
nunca termina de moverse

El jazz tomó el blues como punto de partida y construyó sobre él una de las tradiciones armónicas más sofisticadas de la historia. Los músicos de jazz de Nueva Orleans empezaron a ornamentar las progresiones de blues con acordes de paso, substituciones armónicas y modulaciones que la música clásica europea habría considerado extraordinariamente audaces.

La progresión central del jazz es el ii–V–I: el acorde de supertónica (con séptima menor) moviéndose al dominante (con séptima), moviéndose a la tónica. Es una cadencia perfecta expandida, más colorida que la simple V–I barroca. El ii–V–I en jazz es tan omnipresente que los músicos de jazz piensan en términos de estos bloques de tres acordes antes de pensar en tonalidades individuales.

El bebop — Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk — llevó esto más lejos todavía. Los tempos se dispararon, las progresiones de acordes se complejizaron, las substituciones tritónicas (reemplazar un dominante por el dominante a una tritona de distancia) se volvieron vocabulario estándar. La improvisación en bebop exige conocer la armonía con suficiente profundidad como para navegar por ella a alta velocidad.

Kind of Blue:
cuando los acordes se vuelven paisajes

En 1959, Miles Davis publicó Kind of Blue. El disco era una respuesta al bebop: en lugar de progresiones de acordes que cambian cada dos compases y exigen maniobras armónicas rápidas, Davis propuso usar modos — escalas enteras, con colores propios — como campo de improvisación.

En jazz modal, el improvisador no navega acordes sino que habita una escala durante mucho tiempo. El modo dórico — la escala menor con el sexto grado elevado — tiene una apertura y una melancolía particulares. El mixolidio tiene un relajado sabor de blues. El frigio suena antiguo y denso. Cada modo es un mundo de color distinto al que la mente del oyente se adapta.

Con el jazz modal, los modos griegos que Debussy había recuperado en la música de concierto encontraron su camino hacia la música popular. Y desde el jazz, pasaron a todo lo demás: el rock, el funk, el R&B, el metal progresivo.

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